Investigaciones filológicas de canarias Fundación César Manrique Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
 
Monte de San Bartolomé
 

1947 de 3033 
 Municipio:  San Bartolomé
Identificación Territorial: Elemento vegetal
Clasificación Descriptiva: Percepción geográfica del terreno
Elementos naturales y derivados

Elemento vegetal
  Comentario:
 

Caso distinto al de Nazaret es el de San Bartolomé, citado también en el mapa de Riviere, y que si bien a partir de esas erupciones debió buscar su nuevo y definitivo emplazamiento, su fundación era de fecha anterior, pues ya aparece citado como «lugar» en 1670 (Bruquetas 1997: 304) y aún antes, en 1629, en las Constituciones Sinodales del Obispo Murga, poblado entonces con 49 vecinos, lo que es mucho, para el Lanzarote de la época. Puede que también el poblado y su denominación surgieran a partir de una ermita dedicada al santo, pero que viniera a sustituir al antiguo poblado guanche de Ajey, como algunos dicen, es menos constatable, pues entre la desaparición de Ajey (si es que, en efecto, fue poblado guanche) y el nacimiento de San Bartolomé debieron pasar, al menos, dos siglos. No hubo, por tanto, sustitución toponímica en este caso. Prácticamente, el nombre de Ajey desapareció de la toponimia ; su pervivencia como nombre se debe más bien a que una agrupación folclórica de San Bartolomé lo adoptó para sí, aunque si así fue sería porque el nombre quedara «sonando» en la tradición. El hecho es que ahora se quiere reconstruir el pasado proponiendo para el pueblo el nombre de San Bartolomé de Ajey, propuesta que ha argumentado por escrito Agustín Pallarés en una serie de artículos publicados en el seminario insular Lancelot.

  Glosario:
 

Monte: Extraña es en la toponimia de Lanzarote la palabra monte, porque no hay en toda la isla ni un solo lugar que tenga lo que en Canarias el término designa, propiamente un bosque. Por el contrario, los tres únicos lugares así llamados, Monte de Tajaste (TO 7.53), El Monte (AR 12.11) y Monte de San Bartolomé (SB 12.10), refieren a dos zonas que en la actualidad nada tienen de particular en relación al absoluto despoblamiento de vegetación de sus respectivos contornos. Por tanto deben ser topónimos antiguos, caracterizados entonces por la presencia de una cierta vegetación rastrera de matojos, aulagas y arbustos de todo tipo. Y lo mismo debió justificar el topónimo Monturrios Pardos (YA 13.63), éste incluso con un diminutivo despectivo.